¿En el cielo hay chivos?

Desde hace 19 años he estado viendo el mismo mural frente a la que ahora es mi universidad. Es un mural de unos dos metros cuadrados, y bastante pretencioso. Con fondo amarillo, nubes blancas manchadas por el polvo, un cielo azúl y un chivo simpático. En él se plantea una pregunta que te obliga a quedar inmerso en una duda imposible de resolver: ¿en el cielo habrá chivos?

Lo peor del caso, es que no se trata de una pregunta descabellada. Mucho menos si consideramos que el chivo es un animal característico de esta región. Me gusta pensar que en la fracción de cielo destinada a cubrir todo el estado Lara, existe una especie de división política con dos monarquías. En un lado, los chivos. En el otro, los guaros*. O mejor aún, una sola corona, al mando de un pueblo de chivos y guaros que por fin han conseguido llevarse bien. Los chivos ya no embisten a los guaros salvajemente, y los guaros ya no asesinan a los chivos por deporte. Pero como lo utópico puede volverse tóxico (como cierta utopía del c…ismo), me quedo con la división política.

Dicho esto, volvemos al mural. Desde hace unos años, justo detrás de ese mural se deja ver un cují. Deja caer un par de ramas sobre la pintura, y no se aprecia bien uno de los signos de interrogación. El cují no es precisamente el árbol más frondoso, pero sí el más larense. Entonces, por obra y gracia del espíritu santo, se puede apreciar gran parte del estado Lara en dos metros cuadrados. Es decir, puedo resumir 19.800 kilómetros cuadrados, en apenas 2 metros cuadrados.

Claro que, este mural no es en sí mismo todo lo que representa al estado Lara. Pero las demás manifestaciones que involucra, se dan a su alrededor. Comentaba que se encuentra frente a la universidad en la que ahora estudio, cerca de la Av. Los Horcones, donde tiene sede uno de los grupos más antiguos de tamunangue en el estado Lara. Cuando se acerca el día de San Antonio de Padua, los tambores suenan en la entrada de la universidad. Y justo al fondo está, desafiando mi intelecto, el bendito mural.

Tres absolutos símbolos que cualquier guaro podría reconocer: el cují, el tamunangue, y el chivo pretencioso. Hay un cuarto símbolo que corre por mi cuenta, ¿han probado el cocuy de semeruco?

La verdad, soy una auténtica admiradora de este mural. 19 años después, sigo sorprendida del ingenio de la persona que formuló esa pregunta. A quien por cierto, odio bastante. Me genera incomodidad no conocer la respuesta, y cada vez que tengo la oportunidad se lo hago saber a alguien más, para que sienta lo que siento yo. Pero a nadie parece preocuparle el papel que desempeñan los chivos después de la muerte.

“Mira, ¿en el cielo habrá chivos?”, y lo juro, no es broma. ¿Por qué no habría chivos en el cielo? ¿Qué tan malo debe ser un chivo para no entrar en el reino de Dios? Y lo más importante: ¿Cuáles son los criterios morales para juzgar a un chivito?

*Guaros: nombre que coloquialmente se le da a los nacidos en Barquisimeto, Edo. Lara

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Síntesis: II – Acerca de Dios

Mi vida ha transcurrido entre amistades de unos meses  y amores de unos días, nada más que eso. Sin embargo en secreto he sido parte de algo más grande, aún cuando nunca lo elegí.

¿Qué has escuchado de Dios? El hombre que todo lo ve, supuestamente. Pues, esta idea es precisamente la que en secreto he ido desvirtuando dentro de mí. Tan dentro, que apenas hace poco me di cuenta de cuan cerca estaba de mí misma. (Un ser todopoderoso que sólo ve lo que le conviene no es de fiar).

Hay quien cree que Dios es ese ser vengativo y cruel que castiga sin ningún tipo de piedad al que desobedece, y de cierta forma es precisamente así. Esa es la idea comercial del Dios más conveniente, y es que hay que reconocer que a lo largo de los años el marketing ha dado frutos.

La percepción global de un ser místico me es completamente ajena. Dios es todo lo que ha estado detrás de mis amistades de meses y mis amores de días. Dios no me ha hecho ningún favor más que recordarme que soy y hacia donde debo ir.

Una luz que irradia la gente que ama, la misma luz que envuelve a los amados, esa es una manifestación clara de lo que verdaderamente es Dios.

Y no hablo del Dios capaz de castigar a los inocentes por ser humanos, hablo del Dios humano capaz de entender la complejidad de la carne.

Hablo de ti, de mí, de lo que nos hace ser buenos y no tan buenos. Hablo de la luz que nace de cada uno, y con esto concluyo que cada uno es su propio Dios; que la imagen de Dios no es universal ni mucho menos, que solo nosotros sabemos cuan cerca estamos del bien y del mal. Que la carne sólo la juzgan los que de ella están hechos, por ser los únicos que la entienden.

01-02

Me he hallado finalmente en el vientre de la mujer que estuve amando últimamente, bien podría llamarle “la de turno”, “la que está”, aunque no esté. Aunque ella sea sólo una víctima y yo no sea más que un victimario que satisface su necesidad de ser a través de esa insegura sonrisa. 
No es tan repulsivo, ella es parte de esto y está bien siéndolo, o al menos no ha dicho lo contrario, y no lo hará mientras le dé lo que espera, que casualmente es lo mismo que llena mis vacíos. Somos el uno para el otro, pero realmente eso no importa.
Claro que, estando en su vientre entiendo mejor el universo, ella es la línea del horizonte, une el cielo con el mar sólo con estar viva. Ella es inmensamente fuerte por dentro. 
Pero, por dentro no es mía. No tiene nada que ver conmigo, me deja ver a través de su ombligo de vez en cuando, cuando la hago creer que la amo. Y desde allí puedo ser testigo de la inmensidad que supone el desconocimiento; a punto de pretender entrar recuerdo nuestro contrato, de un salto me alejo y me dejo caer en la nada. Vuelvo a mi papel de victimario, me desconecto de la víctima. Ella no es un objeto, yo lo soy. Y vuelvo a un rincón, al rincón que me hizo ser quien soy. Al rincón donde pertenezco en ella, y me preparo para que todo comience, de nuevo. 

Ella

Hay quien sueña con ser más, ella sueña con ser menos. Ser menos ajena y más suya, ser menos crédula, inocente… Frágil. Sueña despierta mientras respira el momento. Sueña con volar, y en su sueño vuela tan alto como es necesario para olvidarse de lo que le aflige. Pierde la conciencia cuando esta sobre el sol, ella se alza sobre el sol. Ella se alza sobre todo y todos cuando sueña.

Ella es la botella de alcohol que contiene al universo, se puede evaporar y llevarse consigo todo, dejar un espacio blanco y frío para hacer aun mas desértica la nada. También puede enloquecer a los que se esmeran en conocerla y ser cercanos a ella, los acaba desde dentro, los deshace sin piedad, pero tambien sin intención.

“Ella”. Digna palabra para evocar estigmas epicos que arrastra cual maldición, con un orgullo absurdo que no sabe bien donde se origina. ¿Será que va en su sangre?, ahí están todos sus supuestos defectos y sus inmensas virtudes, sangre pura de la tierra pero dificil de aceptar para los hijos de la nada. Su cabello corto, su piel prensada como el cuero de un tambor, oscura, brillante. Otros estigmas. Por dentro se sabe fuerte y se ama, se abraza a si misma cada mañana cuando debe salir a lidiar nuevamente con la responsabilidad que supone el contener al universo entero dentro de si, y la presión que representa el mantenerlo como un secreto. Nadie debe saber que justo en su diafragma se encuentra todo, los árboles se mueven cuando respira, los mares se agitan cuando se molesta, los planetas se alinean cuando ama, y llueven meteoritos cuando baila al son de sus pensamientos.

Sin embargo, por fuera, mirando al suelo se rompe y se deja romper. Ahí es donde quisiera ser menos, menos responsable de tanto, menos paciente. Menos ella.

Entonces, ella es la inmensidad, la caja de Pandora, y los secretos del Vaticano. Se mueve entre planetas, nada entre galaxias. Y sueña.

Ella es el secreto mejor guardado.

Ella soy yo. 


Domingo por la mañana

El absoluto silencio de un domingo siempre es u buen compañero. Hace tiempo no hablo conmigo, sin presiones, ni telas, ni maquillaje… Hoy que puedo hacerlo, quiero darme la oportunidad de recordarme quien soy.

Mi color es el turquesa, mi cabello no crece, soy luz pura aunque me haya negado a serlo. Tengo tantas manias como ganas de huir (siempre tengo ganas de huir), pero tengo las mismas ganas de quedarme y obligarme a crecer. Siento una empatia extrema hacia todo ser vivo, empatia que mis padres y mi pareja aun no entienden. Y la verdad, yo tampoco, pero hay que poner la otra mejilla, y si es necesario inventarse otras mejillas si el objetivo es aprender. Todo lo tolero, todo siempre esta bien cuando se trata de mi. Respiro y me reinvento, revoluciono mi ser desde dentro constantemente. Se lo que soy, y se lo que quiero hacer con ello.

A sus ojos, que me miraron con tanto amor.

Nunca nada me había dicho tanto como aquellos ojos marrones, hermosos, llenos de cierto brillo especial que solo había sido capaz de ver en una que otra estrella con pretensiones de ser luna. Sonrisa preciosa, sincera y con cierta timidez que iría desapareciendo conforme se acercaba a mí. Debo confesar que desde mi perspectiva no había momento más puro que aquel en el que él sonreía, era poético verle. Ahora, la hipnótica combinación entre aquellos labios rosados, su blanca piel y sus hermosos ojos; eso era religioso, único, imposible de ignorar.

 

Él era todo lo que yo habría deseado, él era todo lo que cualquiera podría desear. Él era luna y sol, era absoluto en la inmensidad.

 

Para cualquier artista habría sido más que musa, más que objeto de inspiración, él habría sido todo para cualquiera; para cualquiera que no hubiera tenido la imposibilidad de amar por motivos ajenos a dos corazones.

 

Él, mi todo. Incomprensible para mentes cerradas que habrían visto aquel amor como un acto inmoral, como una falta a la normalidad que acababa por ser sinónimo de obligación, de infelicidad. Él y yo nos amamos, nos amamos a nuestros ojos, a nuestra manera, siendo libres. Nos amamos con cierto temor que iría desapareciendo conforme el sentimiento crecía.

 

Le amé con el corazón, con el alma, con la vida. Le amé como lo que él era, un ángel que por alguna estúpida razón se habría fijado en algún mortal. Le amé en cada abrazo, en cada beso disfrazado de despedida cualquiera, le amé entre desconocidos críticos, y a su lado siempre me dio igual todo lo que no tuviera que ver con aquellos ojos. Lamentablemente, no le amé usando la razón, y ahora la amo solo entre lágrimas de aceptación y resignación, le amo solo en fotos. Siempre le amaré, porque es él el único motivo de que yo siga acá, él es mi sol.